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NOTICIA

35 años de servicio y amor


Vivir amando y sirviendo es algo que muy pocas personas pueden llegar a concretar, porque amar significa donarse. Tanto es así que se transforma en el mayor desafío de la vida. Requiere: comprensión, tolerancia, aceptación, sutileza, flexibilidad, humildad, conocimiento y fortaleza.

Por eso, cuando encontramos en nuestro camino una persona que toma entre sus brazos a un anciano y lo abraza tratando de contener su temblor, intentando, con ese gesto, aliviar todas las heridas que una vida vivida con intensidad le ha provocado... y uno alcanza a ver que se dibuja, de pronto, en el rostro de ese anciano una hermosa sonrisa plena de paz, no puede menos que agradecer a Dios por estar presente, sin ninguna duda, en la presencia del que abraza.

Cuando alguien, con la certeza de que nada es imposible para aquel que cree, rodea y envuelve con su propio cuerpo el cuerpo de un inválido y lo impulsa a levantarse prendido de su cuello, no se puede menos que aceptar la magnificencia de su entrega.

Cuando entre dos manos fuertes se aprisiona la pequeña vida de un bebé y, de golpe, la ternura de todo el mundo se deposita sobre la mirada y la sonrisa de ese ser que sostiene al niño y toda su fuerza se trastoca en dulzura para invitarlo a crecer y desarrollarse... no se puede menos que pedir a Dios que multiplique su fortaleza, cuide y proteja su accionar.

Cuando un adolescente se acerca a un ser humano que puede transformar su llanto en sonrisa y su angustia en alegría de vivir... y, sobre todo, cuando uno encuentra reunidos todos estos valores (y más) en una sola persona... y viene a la memoria que este ser humano un día lejano se marchó de sus tierras y tomó la decisión de seguir los pasos de Jesús; comprende que no alcanza una fecha determinada para agasajar su sacerdocio sino todos los días de todos los años durante los cuales se revivan estos pequeños milagros de amor que, en sus 35 años de entrega, fueron sembrados a lo largo del camino.

Querido padre, Dios le ha hecho el más hermoso de todos los regalos, una enorme capacidad de amar a todos y cada uno... logrando que cada uno, a su vez, se sienta amado exclusivamente por usted. Por este motivo (y por tantos otros que cada uno de nosotros conoce solo en su corazón), su feligresía quiere agradecerle infinitamente y aunar sus voces en la oración para que podamos hacerle sentir que al amor verdadero solo se lo corresponde con amor y nosotros, desde nuestra pequeñez... lo amamos.

En nombre de los niños, los ancianos, los jóvenes, los adultos, y desde lo más íntimo y profundo de nuestro ser, queremos felicitarlo por estos maravillosos 35 años de sacerdocio, de vocación, de responsabilidad y respeto por el prójimo; queremos agradecer que haya forjado en su carne, (con seguridad, no con pocos sufrimientos), las enseñanzas de Jesús, para poder así iluminar al mundo con su presencia.

Jesús es su guía, su maestro, de Dios ha recibido sus dones y los ha ido plasmando a su paso. Rogamos al Espíritu Santo que lo colme de sabiduría divina, inspire sus acciones e impulse todos sus emprendimientos.

Que la Virgen María en su advocación de Natividad del Señor, sosteniéndolo en su regazo, le ayude a encender nuevos fuegos de amor y servicio en quienes lo acompañan en su misión.

Gracias por permanecer junto a nosotros. ¡Feliz aniversario sacerdotal!
Publicada el:
29 de Jul. a las 08:00hs.

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