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Revista Compartiendo (Febrero 2017).
Teníamos un sueño y nos “tocó” la realidad...

Todos los niños tienen su fantasía o su sueño sobre una existencia ideal: ¡ser rico, famoso, importante! Esa es la imagen que ellos buscan, de alguna forma, para definir su futuro. A veces uno dice: “Pero eso no es cierto”... Escuchen y observen a los chicos cuando juegan solitos o cuando comparten algún juego con amigos. Allí muestran, inconscientemente, aquello que aspiran para el futuro.

Mi papá y mi mamá, siempre me contaban que cuando tenía 6 o 7 años jugaba a ser sacerdote: bendecía gente, celebraba misa junto a mis hermanos o mis amiguitos... pero, en realidad, yo nunca imaginé llegar a ser sacerdote.

Si usted pregunta a sus propios hijos qué quieren ser de grandes, algunos contestaran: “Batman”, “el increíble Hulk”, médico, contador, profesor, bombero... y si uno pregunta: ¿por qué bombero por ejemplo? Posiblemente contesten: “porque me gusta como saltan y apagan el fuego”, o bien “porque me encanta el sonido de la sirena del camión”. Esto sucede porque sienten admiración por algún ser humano o personaje al que ellos consideran como un héroe. Por eso lo toman como imagen y ejemplo.

Gracias a Dios nosotros, en mi familia, siempre tuvimos como héroe a papá. Su imagen era perfecta porque tenía cosas que nos llamaban la atención: era humilde, sencillo, un hombre que tenía sabiduría de vida, sin resentimientos ni rencores. Nunca lo vimos borracho ni peleando con mamá o con algún vecino. Solo perdía un tanto la paciencia cuando nosotros cometíamos alguna falta. Allí si nos daba una linda cachetada. Esos fueron los momentos de enojo de papá. Pero, igualmente, aunque estuviese enojado nos hacia sentar junto a él y nos hablaba. Él era fumador y siempre nos pidió que no fumáramos. En su trabajo, junto a ingleses, armaba cigarrillos y fumaba constantemente. Siempre nos decía: “yo cometo un gran error: fumar. Ustedes no lo hagan. No quemen sus pulmones. Yo estoy luchando para superarlo y no puedo. Me cuesta. Por eso sé que con esto solo se logra quemar la plata y los pulmones”.

Sus consejos eran sabios. Gracias a Dios somos ocho hermanos y nadie fuma. Papa lo hacía pero a su vez nos enseñaba para que no cometamos su error.

Algo parecido me sucedió con los sacerdotes que me acompañaron durante toda mi vida. Ellos siempre fueron modelos, ejemplos increíbles, nunca una maldad, siempre corregían, acompañaban, aconsejaban, con mucho cariño. Entonces, ¿qué pasa? Debido a esos consejos, y al afecto, sentimos admiración por esos seres humanos por eso decimos con frecuencia: “Quiero ser como tal persona”.

A veces la ilusión va más allá y nos desorienta. Nos hace perder el camino. Especialmente cuando uno admira a alguien no por las virtudes que posee, sino por las cosas materiales. Esa admiración puede convertirse en peligrosa.

Cuando admiro por las virtudes, educación o la formación que posee, esto es positivo; pero si admiro por la plata, el poder, la posición social o el lujo que lo rodea, se puede caer en graves errores.

Cuando uno pregunta a los niños, la respuesta es: “quiero ser millonario, quiero tener poder, quiero dominar a todos”... sus inocentes respuestas nos muestran que no están buscando el ideal de las virtudes sino que tomaron los vicios y los defectos del otro como modelos de vida. ¡Hay que estar muy atentos!

Si se admiran las virtudes de una persona rica, está perfecto pero si se admiran sus errores o vicios, ¡cuidado!, porque allí comienza la confusión.

Por eso es tan importante estar atentos ya que, en esos sueños y fantasías, se puede definir el futuro de ese niño. Es necesario ocuparse, observar, orientar, acompañar, asegurando que no se admiren vicios sino virtudes.

Siempre me enorgullezco de haber podido admirar las virtudes de papá y mamá, de querer ser como ellos: porque ellos eran mis héroes.

Eran humildes, sencillos, honestos. Nos decían: “Si te equivocás, pedí perdón”. “Si cometés un error, corregilo”.

Ahora bien amigos, esta admiración de niños, al llegar a los 25 o 30 puede tomar otro rumbo porque ahí es donde nos toca la realidad de la vida que, muchas veces, nos lleva a sostener a otras personas. Es una etapa difícil, compleja... teníamos un sueño y la realidad que nos toca es otra. Por ejemplo: alguien, de niño, quiso ser sacerdote pero, al llegar a grande, se da cuenta que no tiene gran capacidad de estudio, de comprometerse, de cumplir con lo que significa la vida sacerdotal. Se da cuenta que es hermoso pero que no está dispuesto a cumplir totalmente lo que exige o a entregar su vida a la gente. Entonces, ahí hay que aprender a aceptar y aprobar la realidad, mi realidad: “no puedo ser sacerdote”. Igual sucede cuando nos damos cuenta que no podemos llegar a ser médicos, abogados o contadores. En esta instancia, si uno no se aprueba tal como es, si uno no acepta sus limitaciones, es muy difícil llegar a ser feliz.

Una cosa es soñar y otra, alcanzar los ideales. Si tu vida te presenta una realidad que no coincide con tu fantasía tienes que aprender a aceptarlo y aprobarte tal como sos.

Hace años, tenía un compañero de colegio que siempre decía que sería contador, abogado o juez. ¡Pobre! No llegó a tercer año de la secundaria, no tenía capacidad intelectual.

Gracias a la educación polimodal que teníamos en Ceylán, pudo aprender el oficio de carpintero. Sus manos y su mente le permitían hacer cualquier cosa con la madera. ¿Qué pasó con su sueño? Cuando él se dio cuenta que su talento estaba en sus manos y en la madera y vio de lo que era capaz, comenzó a disfrutar de su capacidad y llegó a ser un profesional increíble. Todo el país buscaba la marca de sus muebles. Ahora dice con orgullo: “yo soy carpintero”. Aprobó su propia realidad con gran alegría, sin resentimientos. Fíjense las vueltas de la vida, su aceptación y humildad lo transformaron en millonario. Tiene una gran empresa propia y nunca deja de trabajar. Suele decir: “logré esto con mi trabajo, si dejo de hacerlo todo se vendría abajo”.

¡Qué lindo ejemplo! No llegó a 3er. año ni fue abogado, pero aceptó sus virtudes con serenidad y trabajó con perseverancia para alcanzar el éxito; y así fue.

Trabaja a la par de sus empleados y observa, porque sabe bien que no todos tienen los mismos talentos, pero todos trabajando por el bien común, pueden producir el milagro de la vida.

Cuando uno, más allá de los sueños y las fantasías, se encuentra con la realidad, “su realidad” y la acepta, puede disfrutarla y ser feliz.

Ahora fíjense, si este chico hubiese abandonado el polimodal, no hubiese llegado a aprender su oficio. Alguna vez, y hace mucho tiempo, sus compañeros de colegio pensamos: “pobre, nosotros lo superamos y el quedó atrás”. Qué equivocados estábamos. Él está más adelante que muchos porque no bajó los brazos ni se dejó llevar por el resentimiento. Él fue simple, se aprobó y eso lo transformó en eficaz. Escuchó a sus profesores, escuchó y aceptó... aceptó y reconoció sus talentos. Nunca se alejó del grupo de amigos. A veces nos aburría hablando de las maderas y sus sueños de crear.

Qué cosa los misterios de la vida... Cada uno de nosotros es un misterio y cada uno tiene diferentes talentos; aprendamos a descubrirlos, aunque a veces nos pareciera que fracasó nuestro sueno. Aceptemos sin resentimientos y sigamos avanzando hasta alcanzar el verdadero sueño “dentro de nuestra realidad”. Abracemos las virtudes y la honestidad. Reconozcamos nuestros límites y trabajando con respeto y dignidad, disfrutemos de la vida.

Dios nos ayude.
Revista Compartiendo
Imagen de la portada.

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