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Revista Compartiendo (Septiembre 2015).
¿Dónde está el error?

¿Por qué, en este mundo, muchas personas terminan transformándose en adictas a algo? Es increíble pero es algo que vivimos a diario.
Algunos al alcohol, otros a las drogas y otros tantos al juego; todas costumbres que ponen en riesgo la vida.
¿Dónde comienza todo esto? En ciertas inclinaciones y necesidades insatisfechas del ser humano.
Cada realidad presenta situaciones positivas y negativas, de las cuales podemos defendernos positivamente o negativamente.
Los vicios ingresan a nuestra vida, casi sin darnos cuenta, cuando elegimos defendernos negativamente. Por ejemplo: hay personas que son ladrones por su propia forma de ser, crecer y vivir; porque nadie los corrigió en un primer momento. Diez centavos primero, cincuenta centavos después, a nadie le importó, resultaba gracioso y así, se fue convirtiendo en una forma de vida.
Los vicios pasan a ser como un mecanismo de defensa de la persona. Por ejemplo: hay quienes que cuando tienen problemas difíciles quieren olvidarlos, entonces empiezan a consumir alcohol. Cada vez que el recuerdo doloroso vuelve toman un poco más, sin darse cuenta que esto los va llevando a un problema más grande que termina en el alcoholismo.
La adicción a las drogas casi siempre comienza como un juego o un mecanismo de defensa. Al consumir creen sentirse felices…
¡negativamente felices! , pero no se dan cuenta. Nadie los corrige y cada día crece la necesidad de ese consumo. Como en un juego, se empieza probando, se siente placer, al día siguiente se juega un poco más y otro poquito y llega un momento que aquello que empezó como un juego se transforme en una trampa sin salida.
Pasa lo mismo con la gente que juega por dinero, la ambición de tener un poco más los lleva a equivocarse. Puede suceder que alguien fue al Casino, jugó un poco y ¡ganó!, entonces se dice: “esto es fácil, ganamos sin mucho esfuerzo”.
Esta ambición, éste deseo de ganar termina convirtiéndolo en un jugador que llega hasta el extremo. (Hablando mal, pierde hasta el calzoncillo).
Los chicos que están en la calle, como una manera de sobrevivir, a veces piden dinero y otras, se quedan con lo que no le pertenece.
Comienzan pidiendo una monedita, otra y luego esto se transforma en una costumbre y ese exceso de tiempo haciendo cosas distintas a las que deben hacer los niños en la infancia, los pueden llevar a consumir sustancias inapropiadas o hacer cosas que los pueden arrastrar a vicios de los cuáles les resultará muy difícil salir.
¿Qué pasó?...
Nadie les explicó de qué forma vivir para no caer en las garras de aquello que solo puede perjudicarlos en su crecimiento, desarrollo e inserción en la sociedad.
La formación, desde chiquititos, es muy importante para poder manejar las tentaciones, porque los vicios son “respuestas naturales”. Voy a tratar de explicarlo mejor. Por ejemplo: Si usted deja al alcance de un chiquitito una botella de gaseosa o un jugo, antes de preguntar si lo puede tomar o no, por alguna razón de su naturaleza, el chico abre la botella y comienza a tomarla y disfruta de eso que le gustó ( no sabe que está mal lo que hizo). Otro ejemplo: Dejamos una torta linda, decorada, para festejar el cumpleaños de la abuela, el chiquitito la ve y la misma tentación lo lleva a comer un pedazo sin pedir permiso.
Si nosotros no inculcamos buenas costumbres y hábitos en los pequeñitos, lo negativo avanza hasta un punto en que ya no se puede controlar.
Así comienzan los vicios en nuestra vida.
No solo en la niñez hay que estar atentos, sino ante todas las situaciones o realidades que nos toca vivir. Yo viví una experiencia que, gracias a Dios, no se convirtió en un vicio. Les cuento. Creo que tenía 15 o 16 años cuando fuimos a hacer un retiro en un camping situado en una montaña, sin saber que allí hacía mucho frío.
Nadie nos avisó que teníamos que llevar ropa de abrigo o frazadas, fuimos así no más y tuvimos que quedarnos vestidos todo el tiempo porque nos congelábamos. Un señor que estaba en la vecindad y tenía una fábrica de cervezas, llegó a la noche y nos dijo: “chicos, tomen dos vasitos de esto, todavía no llegó a ser cerveza, es cebada y está fermentando,( la gente humilde suele tomar un vasito a la noche para estar calentitos), y tomamos dos vasitos cada uno (nos dio a tomar alcohol prácticamente) y en realidad no sé si es porque quedamos medio borrachos, pero pasamos la noche sin darnos cuenta del frío. La cebada en nuestro cuerpo nos dio el calor que nos hacía falta.
Si después de esto hubiéramos continuado con la misma costumbre sin corregirla, hubiésemos corrido el riesgo de terminar alcohólicos porque al gustar el efecto, uno se dice a sí mismo: “pasé una noche linda, volvamos a hacerlo”.
Esto pasa muy habitualmente, sobre todo en la juventud de hoy.
Cuando salen a bailar por primera vez, son inocentes, totalmente inocentes, llegan a un ambiente en donde toman, comen y hacen lo que quieren ( una cervecita, un licor, un” trago mezcla”) y, con el tiempo, aparecen las consecuencias. Si toman dos vasos de whisky, ni siquiera se acuerdan de su edad; un pibe de 14 años puede llegar a actuar como un adulto y esa forma de vivir aceleradamente y “agrandado” hace que, al llegar a los 40 años tenga alguna adicción o bien, que no le encuentre sentido a la vida.
Todo lo mencionado antes puede ocurrir, lo sabemos... pero nos arriesgamos sin razonar.
Si lo analizamos bien, los vicios ingresan a nuestra vida como una defensa de nuestra forma de hacer, vivir y sentir cada cosa que nos sucede.
Cuántas veces vemos chicos que se drogan para poder hablar, hacer o revolver situaciones porque sin “eso” en el organismo se sienten débiles y vulnerables.
En cambio de fortalecerse y enfrentar la realidad de cada edad con lucidez y equilibrio para poder superarla con esfuerzo (esfuerzo que implica un crecimiento interior y un afianzamiento de la dignidad) toman un camino más rápido, supuestamente más fácil pero que, con igual rapidez, se transforma en destructivo hasta el punto de llevarlos al fracaso. Pierden la capacidad de soñar, se estancan y, en cambio de avanzar, retroceden... pero parece que no se dan cuenta.
Los vicios brindan una falsa personalidad, esto es lo que tenemos que corregir. Debemos enseñar a crecer positivamente, sin escapar de la realidad.
La ignorancia y la falta de recursos humanos también hacen que los vicios prosperen.
Por otra parte, existen quienes, aún formados intelectualmente, carecen de formación espiritual; aunque sepan leer y escribir, su debilidad interior, ya sea de la carne, de los sentimientos o de cualquier descontrol, los dejan a merced de los vicios.
Lo más peligroso de todo es pensar que se pueden llegar a resolver los conflictos personales olvidando y ocultando la realidad con el alcohol, la droga o el juego.
La infelicidad interior es una de las causas más comunes para que una persona termine en una adicción.
Por todo esto, si sos un adicto, sentáte y pensá: ¿dónde está el error? Te aseguro que el error principal está en tu interior: falta de claridad, tranquilidad y paz; falta de aprender a manejar las situaciones negativas de tu vida.
Desde ese lugar, analizá los por qué y para qué y, si es necesario, oblígate a corregir conductas, recuperá los valores de la vida, mantené con esfuerzo y dedicación tu propia existencia.
Todo lo otro, aunque parezca resolver las circunstancias, lamentablemente, te va introduciendo en un “problemón”, poniendo en riesgo tu integridad.
El día que no tengas riñones, ni pulmones; el día que tu intestino no soporte nada, cuando tus neuronas casi no respondan y sientas que solo la droga es tu vida, ya es tarde para mirar hacia atrás y pensar en resolver esta situación.
Por eso, analicemos bien nuestra vida; podemos tener muchas razones para hacer lo que hacemos, pero creo que es importante, en algún momento, poner el dedo en la llaga, darnos cuenta que duele, que se puede echar a perder y decidirnos comenzar a curarla.
Todos los que tienen problemas de adicciones tienen una llaguita (en el cuerpo, la mente o el corazón) y la tienen que curar... pero de otra forma.
Pidamos a Dios que nos ayude a prevenir adicciones analizando nuestras conductas con tiempo; educando y formando para obtener respuestas positivas para la vida con el fin de asegura r una buena salud espiritual y corporal como también una buena convivencia, sin violencia, sin destrucción.
Dios nos ilumine, el Espíritu Santo nos acompañe y nos ayude a resolver nuestra pobreza intelectual, nuestro dolor, sintiéndonos fortalecidos interiormente por su presencia y así, logremos vencer las adicciones, siendo conscientes, responsables, felices y agradecidos por vivir.


Padre Ignacio
Revista Compartiendo
Imagen de la portada.

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