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Revista Compartiendo (Enero 2015).
El cielo y la tierra se unieron

Que noche tan hermosa hemos vivido hace pocos días, ¿no? Noche de paz, noche de amor.
Desde el momento en el que Dios manifestó su amor y misericordia por nosotros comenzó una historia nueva.
Ustedes saben bien que la Navidad es un momento histórico donde la tierra y el cielo se unen para que recuperemos, con la gracia de Dios, a través de María y José, lo que perdimos con Adán y Eva.
Se unieron el cielo y la tierra: los hombres con Dios, Dios con nosotros y los ángeles y arcángeles cantaron paz a los hombres de buena voluntad.
Navidad es el momento de recoger nuevamente esa paz, ese perdón, que hemos perdido por nuestros pecados.
Desde que el hombre perdió esa amistad con Dios por sus errores; Dios prometió, y difundió a través de los profetas, que alguna vez el cielo y la tierra se volverían a unir. Llevó mucho tiempo... Pero, una noche Dios cumplió su promesa. En lugar de condenarnos, de abandonarnos... nuevamente nos dijo que, a pesar de nuestros defectos, "nos ama".
Navidad siempre llega de esta forma y nos invita a amarnos aceptando nuestros defectos y virtudes, perdonándonos entre unos y otros; limpiando nuestro corazón de todas las cosas que nos impiden amar y de todo eso que ya no nos sirve para vivir, para construir una vida nueva. Es como desnudarse ante el Señor despojándonos todo lo que nos impide vivir en su gracia. El Niño Dios al nacer borra la historia del pecado del hombre.
Si ustedes leen bien el libro del Génesis, seguramente van a entender todo lo que pasó en aquel tiempo; cómo el pueblo se reveló contra Dios, se equivocó y cometió errores grandes contra el Señor: blasfemia, bronca... Pero el Señor olvida todo. Borra todo el pasado, borra las historias que duelen y nos da su corazón para que nosotros podamos tener la posibilidad de sentir su amor y su bondad.
De esta forma en Nochebuena fuimos invitados a vaciar nuestra vida, a sacarnos de encima todos los recuerdos que nos impiden vivir la vida con paz.
Todos sabemos que en la convivencia humana siempre hay defectos. Tenemos equivocaciones, errores, ignorancia, no somos santos… Muchas cosas nos condenan pero tenemos que quitar todo mal entendimiento, todo odio,... todo lo que nos impide vivir en paz. Esto nadie lo puede hacer para nosotros, cada uno es responsable de vaciar de cosas inútiles su vida. Así como cuando limpiamos el placard o el ropero. A veces nos cuesta, ¿no? Hay recuerdos que golpean duramente y uno dice: “esos son recuerdos, no sé cómo tirarlos”. Por ahí uno toma algo y dice: “tal vez esto, en algún momento, puede servirme”... y resulta que sacamos para tirar pero, por las dudas, volvemos a poner en el ropero. Pasa ¿no? Muchas cosas de las que no podemos desprendernos son sentimentales... es difícil... En esta vida terrenal hay recuerdos que no podemos tirar... Pero, usted y yo sabemos bien que si no limpiamos, no sacamos... no hay espacio para cosas nuevas.
Tomar la decisión de limpiar a veces cuesta mucho...
Pero el Señor dice que cuanto más nosotros eliminamos de nuestro corazón lo que no nos sirve como si sacáramos del ropero aquello que ya “el talle no anda bien”, nos queda mucho espacio para poder poner cosas nuevas.
Tenemos que facilitar el lugar, el espacio en el corazón, para rellenarlo con cosas nuevas.
En este tiempo de Navidad el Señor nos pide que hagamos ese trabajo; que cada uno de nosotros limpiemos nuestro interior. Que saquemos todo lo que nos impide vivir en paz: los recuerdos que nos mortifican, los que nos hacen rechazar a los demás... Es difícil.
Si podemos hacerlo y decir: “perdoname”; podremos reconstruir nuestra paz interior.
Justamente Jesús hace ese milagro. Al nacer en medio nuestro hace que sintamos el amor y el perdón de Dios. Hace que nuestro corazón esté abierto a todo. Ese es el misterio de la Navidad.
Nosotros también podemos unir la tierra con el cielo, con la gracia de Dios, porque somos seguidores de Jesús y debemos aprender a hacer lo que Él hizo. Se trata de tener el mismo gesto con los demás como Cristo lo tuvo con nosotros, sacando todo lo malo, todas las cosas negativas, para que nada nos impida vivir este tiempo tan hermoso.
Sé que en toda persona existen recuerdos que dan vueltas y vueltas en la cabeza...
Si borras todo eso del pasado, el Señor te da la posibilidad de empezar una vida nueva y mejor. Y lo mejor de esta vida terrenal es vivir, lo mejor posible, en gracia de Dios.
Un hermoso ejemplo nos brinda Leonardo da Vinci. Durante la creación de una de las obras más maravillosas que pintó, obra que ganó premios y reconocimientos, obra que hacía con mucho amor y con mucha fe... mientras pintaba el rostro de Jesús, justamente, entró un amigo al estudio y comenzaron a discutir. Se dijeron muchas cosas... Y da Vinci perdió la paciencia... Por perder la paciencia dijo muchas cosas él también.
A veces nos pasa, ¿no es cierto?
Perdemos la paciencia, discutimos, nos amargamos y todo eso queda en el corazón.
Cuando aquel amigo se fue y da Vinci intentó seguir pintando el rostro de Jesús... tomó el pincel pero no se podía concentrar, estaba nervioso... Pintaba un rostro enojado, tenso... No encontraba la actitud correcta. Él sabía que ese rostro era de amor, de misericordia... pero al pintarlo lo desfiguraba... En ese momento comprendió lo que estaba provocando el odio y la bronca que tenía en su propio corazón.
Todo eso que él tenía en su interior lo manifestaba al pintar el rostro de Jesús y no le gustaba lo que estaba haciendo.
Es que todo lo malo: el odio, la bronca, los malos recuerdos, nos impiden ver la cara de Jesús.
Da Vinci buscó a su amigo y le pidió perdón. Así fue cambiando sus sentimientos y la forma de pintar el rostro de Jesús hasta concluirlo satisfactoriamente.
Muchas veces, a nosotros, nos pasa; hasta nos da vergüenza ver el rostro de un amigo, por toda esa bronca que tenemos en el corazón. Esto nos impide encontrar la paz de Dios porque su paz tiene que nacer dentro de nosotros. Si no sucede así... nuestro propio rostro se desfigura.
Si no lo creen cuando sientan recelo, rabia, cuando no les guste una persona, cuando tengan envidia... miren su cara en el espejo y fíjense cómo se ve su rostro y cuánto cambia cuando de tu corazón salen cosas lindas.
Mientras tenemos paz, mientras sentimos la alegría de la reconciliación, del perdón, del amor, naturalmente uno encuentra el rostro de Dios. Da Vinci hizo una obra maravillosa que asombró a todo el mundo porque una vez que llenó su corazón de paz descubrió el rostro perfecto de Jesús.
El tiempo de Navidad es un tiempo hermoso para enconQue noche tan hermosa hemos vivido hace pocos días, ¿no? Noche de paz, noche de amor.
Desde el momento en el que Dios manifestó su amor y misericordia por nosotros comenzó una historia nueva.
Ustedes saben bien que la Navidad es un momento histórico donde la tierra y el cielo se unen para que recuperemos, con la gracia de Dios, a través de María y José, lo que perdimos con Adán y Eva.
Se unieron el cielo y la tierra: los hombres con Dios, Dios con nosotros y los ángeles y arcángeles cantaron paz a los hombres de buena voluntad.
Navidad es el momento de recoger nuevamente esa paz, ese perdón, que hemos perdido por nuestros pecados.
Desde que el hombre perdió esa amistad con Dios por sus errores; Dios prometió, y difundió a través de los profetas, que alguna vez el cielo y la tierra se volverían a unir. Llevó mucho tiempo... Pero, una noche Dios cumplió su promesa. En lugar de condenarnos, de abandonarnos... nuevamente nos dijo que, a pesar de nuestros defectos, "nos ama".
Navidad siempre llega de esta forma y nos invita a amarnos aceptando nuestros defectos y virtudes, perdonándonos entre unos y otros; limpiando nuestro corazón de todas las cosas que nos impiden amar y de todo eso que ya no nos sirve para vivir, para construir una vida nueva. Es como desnudarse ante el Señor despojándonos todo lo que nos impide vivir en su gracia. El Niño Dios al nacer borra la historia del pecado del hombre.
Si ustedes leen bien el libro del Génesis, seguramente van a entender todo lo que pasó en aquel tiempo; cómo el pueblo se reveló contra Dios, se equivocó y cometió errores grandes contra el Señor: blasfemia, bronca... Pero el Señor olvida todo. Borra todo el pasado, borra las historias que duelen y nos da su corazón para que nosotros podamos tener la posibilidad de sentir su amor y su bondad.
De esta forma en Nochebuena fuimos invitados a vaciar nuestra vida, a sacarnos de encima todos los recuerdos que nos impiden vivir la vida con paz.
Todos sabemos que en la convivencia humana siempre hay defectos. Tenemos equivocaciones, errores, ignorancia, no somos santos… Muchas cosas nos condenan pero tenemos que quitar todo mal entendimiento, todo odio,... todo lo que nos impide vivir en paz. Esto nadie lo puede hacer para nosotros, cada uno es responsable de vaciar de cosas inútiles su vida. Así como cuando limpiamos el placard o el ropero. A veces nos cuesta, ¿no? Hay recuerdos que golpean duramente y uno dice: “esos son recuerdos, no sé cómo tirarlos”. Por ahí uno toma algo y dice: “tal vez esto, en algún momento, puede servirme”... y resulta que sacamos para tirar pero, por las dudas, volvemos a poner en el ropero. Pasa ¿no? Muchas cosas de las que no podemos desprendernos son sentimentales... es difícil... En esta vida terrenal hay recuerdos que no podemos tirar... Pero, usted y yo sabemos bien que si no limpiamos, no sacamos... no hay espacio para cosas nuevas.
Tomar la decisión de limpiar a veces cuesta mucho...
Pero el Señor dice que cuanto más nosotros eliminamos de nuestro corazón lo que no nos sirve como si sacáramos del ropero aquello que ya “el talle no anda bien”, nos queda mucho espacio para poder poner cosas nuevas.
Tenemos que facilitar el lugar, el espacio en el corazón, para rellenarlo con cosas nuevas.
En este tiempo de Navidad el Señor nos pide que hagamos ese trabajo; que cada uno de nosotros limpiemos nuestro interior. Que saquemos todo lo que nos impide vivir en paz: los recuerdos que nos mortifican, los que nos hacen rechazar a los demás... Es difícil.
Si podemos hacerlo y decir: “perdoname”; podremos reconstruir nuestra paz interior.
Justamente Jesús hace ese milagro. Al nacer en medio nuestro hace que sintamos el amor y el perdón de Dios. Hace que nuestro corazón esté abierto a todo. Ese es el misterio de la Navidad.
Nosotros también podemos unir la tierra con el cielo, con la gracia de Dios, porque somos seguidores de Jesús y debemos aprender a hacer lo que Él hizo. Se trata de tener el mismo gesto con los demás como Cristo lo tuvo con nosotros, sacando todo lo malo, todas las cosas negativas, para que nada nos impida vivir este tiempo tan hermoso.
Sé que en toda persona existen recuerdos que dan vueltas y vueltas en la cabeza...
Si borras todo eso del pasado, el Señor te da la posibilidad de empezar una vida nueva y mejor. Y lo mejor de esta vida terrenal es vivir, lo mejor posible, en gracia de Dios.
Un hermoso ejemplo nos brinda Leonardo da Vinci. Durante la creación de una de las obras más maravillosas que pintó, obra que ganó premios y reconocimientos, obra que hacía con mucho amor y con mucha fe... mientras pintaba el rostro de Jesús, justamente, entró un amigo al estudio y comenzaron a discutir. Se dijeron muchas cosas... Y da Vinci perdió la paciencia... Por perder la paciencia dijo muchas cosas él también. A veces nos pasa, ¿no es cierto?
Perdemos la paciencia, discutimos, nos amargamos y todo eso queda en el corazón.
Cuando aquel amigo se fue y da Vinci intentó seguir pintando el rostro de Jesús... tomó el pincel pero no se podía concentrar, estaba nervioso... Pintaba un rostro enojado, tenso... No encontraba la actitud correcta. Él sabía que ese rostro era de amor, de misericordia... pero al pintarlo lo desfiguraba... En ese momento comprendió lo que estaba provocando el odio y la bronca que tenía en su propio corazón.
Todo eso que él tenía en su interior lo manifestaba al pintar el rostro de Jesús y no le gustaba lo que estaba haciendo.
Es que todo lo malo: el odio, la bronca, los malos recuerdos, nos impiden ver la cara de Jesús.
Da Vinci buscó a su amigo y le pidió perdón. Así fue cambiando sus sentimientos y la forma de pintar el rostro de Jesús hasta concluirlo satisfactoriamente.trar el rostro de Dios. Como dije antes: vaciando nuestro interior negativo y dejando el espacio para que Jesús pueda llegar.
Dios llega para buscar el calor humano, la humildad, todo eso que cobija al niño Jesús en el pesebre... Todo eso que sólo podemos ofrecer con un corazón dispuesto al amor, al perdón, a la misericordia y la bondad.
Que nuestro rostro, durante todo este año, sea el rostro de Dios.
Por eso necesitamos hacer espacio en el corazón, para que Dios se aloje ahí y comience a obrar en nuestra vida.
Aunque creamos que somos indignos, pecadores... recordemos que, cuando la humanidad se consideraba indigna, Dios dijo: “ustedes son dignos a pesar de los errores y de las equivocaciones”. Confiando en esta misericordia entonces... espero que puedan tener la posibilidad de vivir un año pleno de paz, de salud y de amor.
Recemos por todos aquellos que tienen que cambiar su corazón, su mentalidad, para que la bendición de Dios llegue a todos. Toda la bondad y el amor de Dios para todos.

Feliz año en el Señor.

Padre Ignacio Peries

Revista Compartiendo
Imagen de la portada.

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