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Revista Compartiendo (Agosto 2014).
“La fe va más allá de cualquier análisis humano”

Amigos: siempre es hermoso meditar sobre la Eucaristía: el pan del cielo que cada día nos alimenta espiritualmente. Todos sabemos que la vida es un largo camino en donde necesitamos fuerzas (físicas y psíquicas) para poder seguir avanzando.
Les cuento algo interesante: hace mucho tiempo un hombre llamado Elías, quien se había entregado a Dios, rezaba día y noche esperando que el Señor lo cuidara siempre.
En un determinado momento de su vida se encontró en medio del desierto amenazado por el hambre, por la muerte. Fue entonces que, agradeciendo a Dios, dijo: “Señor, ya no tengo más fuerzas, ya no puedo más. Te entrego mi vida sin quejas, acepto tu voluntad”. Y sintiendo que estaba a punto de morir, decidió recostarse debajo de un árbol y esperar el desenlace.
¿Qué ocurrió?
Apareció un ángel que le dio pan y agua y le dijo: “Levántate y come porque el camino es largo; el Señor nunca te abandona, aquí tienes para que recuperes tus fuerzas y puedas seguir caminando”.
Es que... es así: Dios no sólo nos cuida en lo espiritual sino también en lo material.
Pero... ¿Quiénes descubren esta protección, esta providencia divina?
Aquellos que creen, que viven y se entregan más allá de la condición humana. Cuando uno tiene fe, esta fe obra, y lo hace hoy, mañana y siempre. Jesús vino a nosotros para asegurar que los hombres tengamos pan material y pan espiritual para vivir dignamente.
Nunca olviden, cuando Jesús nos enseñó a rezar nos dijo que lo hiciéramos de esta manera: “Danos hoy nuestro pan de cada día”... Entonces, no tengan miedo de pedir también el pan material porque Dios lo dará.
Pidan y Él les dará, aclaró Jesús.
Si le pedimos al Padre con fe, jamás nos negará nada que sea necesario para hacernos buenos en la tierra y dichosos en la eternidad.
Pidan con fe; ya que “si piden pan no les dará una piedra” y “si piden un pescado no les dará una serpiente”. Los hombres, seres humanos llenos de defectos, jamás darían una piedra a un hijo que pida pan. ¡Cuánto más cuidará de nosotros, Dios Padre, si le pedimos con confianza y amor!
Pero, a pesar de saber esto nosotros siempre esperamos grandes e inmediatas soluciones para nuestros inconvenientes, no alcanzamos a comprender que el mayor de los milagros es que Dios nos alimenta (espiritual y materialmente) todos los días, simplemente, porque nos ama.
“Las aves del cielo no siembran ni cosechan pero nunca les falta alimento. ¡Cuánto más cuidará el Padre de ustedes!”. Sin embargo, nos cuesta muchísimo creer esta verdad, nos cuesta depositar nuestra esperanza en el Señor y entonces... ¡dudamos!
Los hombres siempre hemos dudado. En aquel tiempo cuando Jesús habló así a los que le rodeaban, estos murmuraron: “Es el hijo del carpintero, uno que vive en medio de nosotros y está hablando de dar pan a ¡todos! Y además dice: “¡Yo soy el pan bajado del cielo!”. (Nadie comprendió. Nadie creyó; todos dudaron y murmuraron).
Aún hoy los hombres no nos damos cuenta que Dios obra de una manera maravillosa, simple y sencilla, y que lo hace cotidianamente en nuestra vida.
Cuando Jesús nació en un pesebre dijeron: “¡¿Cómo?! ¡El Mesías no puede nacer en un pesebre, tiene que nacer en un palacio!”
Pero el Señor siguió obrando de la manera más simple y sencilla y... como nosotros esperamos grandes manifestaciones... solemos perder de vista sus bendiciones, ya que Él se hace presente en las cosas más pequeñas. Yo tengo mucha, mucha fe en Jesús, en la Eucaristía; y esto es gracias a mis padres. Ellos me enseñaron y mostraron lo maravilloso que es tener fe.
Recuerdo que, cuando yo tenía catorce años mi padre quedó sin trabajo y estuvo así por tres años. A pesar de los momentos difíciles mis padres siempre nos decían que teníamos que rezar porque la oración era nuestra fortaleza y ¡nunca dejamos de hacerlo!
Durante mucho tiempo comimos una sola vez por día. Les aseguro que, a veces, no había un peso en la casa, pero la comida no faltaba. (¡Es increíble! ¡Es el Señor que obra!). Quizás no comíamos manjares, pero nos daba el pan de cada día, todos los días. Siempre pasaba algo: nos hacían un regalo o llegaba un pariente con un montón de cosas. Continuamente un signo visible nos manifestaba la presencia de Dios.
Cuando llegué a Argentina, también me pasó (¡y varias veces!).
En más de una ocasión, cuando volvía a mi casa, luego de haber cumplido con mi tarea pastoral, entraba a la cocina y me daba cuenta que no tenía nada para comer, yo decía: “¡No importa! tomo un té y duermo”. Un día en que tenía mucho hambre y nada para comer, golpearon a mi puerta y me dijeron: “Padre, recién lo vimos pasar y, como estamos comiendo un asadito, si no se ofende, acá tiene” (asado, ensalada y ¡torta!). ¡El Señor es así! ¡Cuánto amor! Recuerdo que, en mi infancia, un montón de veces, sucedieron cosas como estas. ¡Jamás falto el pan de cada día!
Por supuesto que nosotros tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance materialmente para intentar solucionar los inconvenientes. Pero les aseguro que Dios se encarga de los imposibles. Solo necesitamos confianza, fe y oración.
Yo sé que a veces estamos muy “apretados” y ansiosos, pero recordemos, Jesús nos dice: “No me busquen sólo para saciar el hambre material, sino también para buscar la gracia de Dios”. Esto es algo que muchos no alcanzan a comprender. La mayoría de las veces no buscamos la gracia de Dios porque la ansiedad, la desesperación y muchas otras cosas, nos impiden, humanamente, confiar ciegamente en Dios pero todo puede cambiar si alguna vez nos decidimos a decir, creyéndolo plenamente: “Hágase en mí Tu voluntad”.
Recuerdo un día en que estaba confesando a adultos que esa noche recibían su primera Comunión. Entre ellos, había varias personas entre cincuenta y ochenta años que me decían: “Padre, ¡cuánto hemos perdido en la vida por no conocer el alcance de la fe!”.
Es que la fe transforma y, aunque pueda pasar que no comamos un día, nos da fuerzas para sobrevivir. La fe en la Eucaristía nos da Vida, Vida verdadera.
Hay muchos testimonios de sanaciones imploradas a Jesús frente al Santísimo y muchas también son las personas que se sintieron sanas y salvas por la gran misericordia de Jesús.
Jesús Eucaristía; pan vivo bajado del Cielo. Él nos dice que si nos alimentamos de su presencia, encontraremos paz en nuestro corazón y todas las dificultades de la vida terrena serán más fáciles de sobrellevar.
La gracia de Dios nos asegura la Vida y la vida no depende solo del pan material.
Es fácil predicar, es fácil escuchar pero… cuando uno llega a su casa y encuentra los bolsillos vacíos ¡nos olvidamos de todo! ¿No? Espero que esto no ocurra esta vez. Sé que no es sencillo tener fe y perseverar en ella cuando hay hambre o dolor; los proyectos, las ideas, nos confunden y no nos dejan ver la realidad pero “la fe va más allá de cualquier análisis humano”.
Jesús nos dice que Dios nos cuida, en lo material y en lo espiritual, si nosotros también nos cuidamos y luchamos para buscar, con su ayuda, nuestro pan de cada día. Esto no significa sentarnos a esperar que el pan baje del cielo sino que el Señor obra de forma increíble con nuestros talentos y nuestras capacidades.
Cuando nosotros nos decidimos a dar dos pasos, Él da diez para asegurar que obtengamos lo necesario para ese día.

Tengamos fe, esa fe que mueve montañas; fe para creer y entregar nuestro ser hasta encontrar Vida en abundancia. Una vez más queridos amigos, colaboradores y benefactores ¡Gracias! por todo lo que me han brindado durante estos 35 años compartidos, que Nuestro Señor los recompense con abundante salud, trabajo y paz.

Padre Ignacio Peries

Revista Compartiendo
Imagen de la portada.

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