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Revista Compartiendo (Noviembre 2013).
Dios, invisible, está en la vida visible; busquémoslo.

Nuestra Fe tiene su origen en dos libros fundamentales. El primero es “la Creación” porque ella es perfecta; es la expresión total de la gracia de Dios.

 En estos últimos días en los que estuve volando noche y día, a veces, miraba el cielo y veía como cruzaban aviones por abajo, por arriba, y por los costados. Todo mantenía un orden perfecto. ¿Quién lo hace? El hombre maneja y mantiene este orden. ¿Sabían que, por día, dos o tres mil aviones se cruzan en el cielo? Es el hombre, con su inteligencia, quien mantiene este equilibrio.

Pero… si analizamos bien “la creación” no podemos menos que preguntarnos: ¿quién sostiene lo creado? ¿El día, la noche, los astros, el universo? Su sincronización es exacta, sus movimientos perfectos… entonces tomamos consciencia que hay alguien mucho más poderoso que nosotros que mantiene ese maravilloso equilibrio.

Observar la creación nos lleva a entender y admirar el orden del cosmos como algo que va más allá de todo concepto humano.

El otro libro es “La Biblia”. En ella se encuentra plasmada la realidad de la vida. Desde el origen manifiesta y contiene todo: dolor, sufrimientos, alegrías. La Biblia es algo hermoso. Nos describe paso a paso la vida de Jesús. Nos enseña, nos guía, nos acompaña, nos responde…

A través de estos dos libros tan importantes todos podemos alcanzar un crecimiento de nuestra fe.

Naturalmente cuando nosotros admiramos la creación, cuando escuchamos la Palabra de Dios, nuestra realidad nos choca, porque la realidad del mundo y de cada uno no es fácil de comprender. Cada uno de nosotros tiene problemas distintos y, ante cada realidad, el concepto sobre la Fe también es diferente.

Subjetivamente buscamos un punto de vista, algunos basados solamente en las cosas materiales, en lo creado por la ciencia, la historia o el poder y otros, a través de esta mirada, llegan a entender la voluntad de Dios y pueden decir: ¡Hágase tu voluntad!

Es decir, logran un abandono total al misterio de Dios, confían en la gracia, la bondad y la misericordia.

A veces pensamos ¿siempre la ciencia es algo que nos ayuda humanamente? ¿Puede cambiar nuestra fe?.

 La ciencia y la tecnología moderna nunca van contra la fe, al contrario, la fe va mucho más allá que todas estas cosas.

 Aquello en lo cual depositamos nuestra confianza total define el alcance nuestra fe. La gente que confía en el misterio de Dios aprende a decir: “hágase su voluntad”

Otros con su propia historia, en medio de la confusión, la angustia y la inseguridad confían en lo material y dejan de lado lo espiritual. Esto no los condena, es normal que ocurra debido a nuestra forma de ser. Por eso, hoy más que nunca, es muy importante que aprendamos a encontrar el Dios, invisible, dentro de la vida visible.

¿Cómo lo encontramos?

Miremos un simple rayo de luz que penetra a través de la ventana ¿qué nos muestra? No el rayo sino todas las pelusas que están flotando en el ambiente. Desviamos la mirada y ya no las vemos pero en ese rayo de luz vemos el polvillo que vuela y nos damos cuenta que está sucio.

La creación entera habla, nos muestra aquello que está pasando, y como aquel pequeño rayo de luz, nos muestra la fuerza de Dios que sostiene, mantiene y aclara.

Tenemos que buscar a ese Dios invisible a través de lo creado y de la realidad de cada uno de nosotros para poder encontrarnos con su gracia.

Mucho se puede hablar pero no es tan fácil. Cada uno, dentro de su realidad, sabe lo que cuesta. Uno muchas veces se pregunta “¿quién tiene razón ¿qué hago? La ciencia lo explica mejor”... pero la ciencia explica todo lo que ya fue creado, todo lo que está a nuestro alcance; pero lo que no tiene explicación con la inteligencia humana nadie lo revela. Siempre queda pendiente y exige la profundización de algo más.

La ciencia es una bendición de Dios, no se confundan, la ciencia no va contra la fe, sino que camina a la par de la fe.

Cuentan que unos científicos cierta vez se reunieron y decidieron decirle a Dios que ya sabían hacer todo. Que no hacía falta su intervención porque ya se habían investigado todas las posibles soluciones para cada cosa. Astronomía, matemática, biología, todo ya era conocido. Y fácil de resolver.

Dios les contestó que le encantaba que tengan esa posibilidad. Y les preguntó: ¿Se animan a hacer un hombre nuevo?

Los especialistas en clonación querían demostrar que podían hacerlo. Ya el mundo había sido transformado tantas veces por los adelantos científicos... ¿por qué no hacer un hombre nuevo?

Tomaron un poco de barro, un poco de agua, los mezclaron y comenzaron a convertirlo, científicamente, en carne, le agregaron sangre y se lo presentaron orgullosos: “Aquí está. Podemos crear un hombre nuevo”.

El Señor observó y les dijo: “En realidad no lo “crearon” porque se crea desde “la nada” y ustedes usaron mi barro, mi agua y mi sangre. Hicieron una maravillosa obra con la inteligencia que puse en ustedes. Con ella tienen que transformar el mundo y multiplicarse. Tienen que mejorar lo. Tienen poder para hacerlo a través de la ciencia. Pero… podrán explicarme cómo crearon el barro que usaron ¿el agua con la que lo mezclaron y la sangre que le colocaron?...

El hombre tiene muchas capacidades para hacer incontables cosas pero la fe va mucho más a allá de la ciencia porque llega al punto máximo desde donde todo se desprende y nace. Ese es el secreto y hasta allí no hemos llegado. La verdad solo se revela en presencia de Dios. La fe nos lleva hasta ese inmenso poder que nos hace sentir sobre nosotros Su gracia.

La fe es algo que tenemos que cultivar dentro de nosotros, día a día. Nunca dejemos de aclarar nuestras dudas para que no existan confusiones y podamos, realmente, entender el misterio de la vida.

La duda de santo Tomás fue muy valiosa porque él tocó y aclaró. La fe puede tener muchos conflictos pero es muy importante buscar la fuente de nuestro origen sin confusiones y, si éstas existen, aclarémoslas.

Siempre recuerden: “todo lo realizado científica o tecnológicamente es interpretación de lo que ya fue creado” . Aquellos científicos de la historia hicieron un hombre pero usando el barro, el agua y la sangre creadas por Dios, fue una realización nueva pero no una creación desde la nada.

Solo Dios puede hacer desde nuestra nada una maravillosa obra de arte. Así lo hizo en María. Ella se abandonó totalmente a su gracia, confió plenamente en Él y le dijo: “Hágase en mí tu voluntad”.

Abandonarse en Dios no es una escapatoria. Algunos, los que se van al otro extremo, lo creen así. Y piensan: “Bueno, me voy a mi casa bajo los brazos y me abandono en Dios”.

No es un abandono para justificar tu vagancia, tu irresponsabilidad. Decir “hágase tu voluntad” es hacer todo lo que está a nuestro alcance dejando la última palabra en la gracia de Dios.

Jesús nos dice que podemos aumentar nuestra fe y encontrarnos con su Gracia, todos y cada uno. Me gustaría contarles muchas cosas más pero será en otra oportunidad, tan sólo voy a agregar que grandes científicos como Pasteur, Newton, Marie Curié , Kepler , entre otros, llegaron a decir : “Gracias a mis estudios llegué a encontrar la fe”. “Gracias a los avances de la ciencia descubrí el poder invisible de Dios”.

La ciencia aclara la visión de Dios. La fe es una cuestión muy personal. Te podes refugiar en lo sentimental, lo material, la realidad que te ha tocado o decir “hágase tu voluntad” y confiar absolutamente en la gracia de Dios.

Jesús nos pide que más allá de nuestra inteligencia, nuestros defectos o culpas aprendamos a confiar en Él.

Ojalá lo logremos para que podamos encontrar respuestas a nuestra realidad.
Padre Ignacio Peries
Revista Compartiendo
Imagen de la portada.

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