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Revista Compartiendo (Setiembre 2013).
Empezar de nuevo

A veces nosotros pensamos que tener coraje, vitalidad, fuerza y ánimo significa poder seguir soportando las mismas personas o situaciones al no tener alternativa o posibilidades de cambiar la realidad.

Es cierto, de alguna manera estamos diciendo una verdad. No es fácil soportar las mismas cosas eternamente pero, si no hay otra alternativa la vida nos obliga. Entonces nos acostumbramos a soportar: injusticias, broncas, desprecios, indiferencia, falta de respeto y ¡tantas otras! Pasa en el trabajo, la familia, el matrimonio, en la vecindad o... en la iglesia misma...

En el trabajo hay abusos pero no podemos quedarnos sin trabajo, entonces ¿qué pasa? tenés que aguantar.
El matrimonio no anda bien pero no podemos abandonar los chicos, no podemos “zafar” de las obligaciones; y si no hay chicos, a veces nos detiene el temor a la soledad. ¡Qué difícil! Tenés temor a la soledad pero te tocó un matrimonio en el que no hay alegría de vivir, no se puede más pero... se agacha la cabeza y se sigue soportando.

Estás en un lugar y te discriminan permanentemente, la misma vecindad, el barrio. Alguna se generó un malentendido y nunca sos perdonado.

Por otro lado puede pasar que tenés un jefe que siempre te mortifica, que siempre está en competencia con vos, no te deja levantar la cabeza, no te otorga ningún derecho, siempre encuentra un pero para perjudicarte, y aguantás porque el trabajo es necesario. ¡Es difícil! Muy difícil.

Entonces, es cierto, ¿tener coraje muchas veces significa soportar?

Piénselo bien. ¿Vale la pena aguantar tanto castigo; condenando la felicidad de tu vida… sin vivirla?

Te respondo. No estás siendo justo contigo mismo.

Uno dice: “Así es la vida”. Pero No, no es así la vida; ya que vos estás aguantando porque no “ves” otra alternativa, otra posibilidad. Puede suceder que seas cobarde y no tengas valor como para alejarte de lo que te está desgastando o que seas muy responsable y temas hacer más daño con tu decisión.

Yo escucho a mamás que la están pasando mal en su matrimonio pero no toman una decisión porque no quieren perjudicar a sus hijos. Pasa muchas veces: nos sentimos encerrados, sin salida.

Vos tenés un trabajo, no hay posibilidad de otro si lo dejás, te quedás sin comida, sin vivienda… tenés un jefe que abusa de su autoridad pero no podés hablar porque sabés que de alguna forma puede vengarse… ¡Qué difícil que resulta vivir así!

Por eso creo que tener coraje y vitalidad significa empezar de nuevo; y esto es mucho más difícil que soportar. Empezar significa arrancar de cero, con soledad, con lucha, con los propios recursos, aprender a nadar en aguas distintas, a caminar por senderos desconocidos. Uno desde afuera puede llegar a pensar que es fácil pero no lo es.

La vitalidad y el coraje real se encuentran en frenar, reflexionar, observar y comenzar una nueva marcha. Pensá en esto: vos estás en el camino, viene un tren, está la barrera baja, ¿qué pasa? No hay más alternativa que parar. La vida pone frenos, barreras, límites y hay que saber darse cuenta a tiempo.

Si el hombre que está en el camino no se detiene ante la señal porque está impaciente, no puede soportarlo, no puede frenar, se dice a sí mismo: “no tengo tiempo, sigo”; y avanza, ¿A dónde va a parar? Bajo las ruedas del tren. Termina la vida.  Esto también pasa.

Es importante preguntarse si vale la pena luchar y luchar sin parar, porque sin darte cuenta estás destruyendo tu vida.

Hay que parar el motor, mirar cómo pasa el tren, disfrutar contando los vagones dando el tiempo necesario para que termine ese momento y se levanten las barreras para arrancar de nuevo.

Parar las cosas, sentarse y proyectar es lo que corresponde.

 Si nos detenemos podemos pensar y organizarnos para encontrar soluciones que nos permitan cambiar esa vida que soportamos injustamente. Todo depende de aquello que decidimos hacer ¿vivir frustrados o sin miedo? ¿Por qué y para qué soportar la bronca, el odio, la indignación o la indiferencia del otro?

¡Nunca! Por mi parte yo jamás lo haría. No elegiría vivir con temor, supeditado a alguien que te maneja, te da o no te da, te promete un título, un puesto... ¿por esto hay que soportar tanta estupidez? ¿Vale la pena? 

A veces me han dicho: “yo sigo soportando porque me prometieron un cargo, poder, dinero...”

Te pregunto: ¿por eso vivís como un mendigo?

Nunca mendigues la vida, nunca te ates a esas promesas que te convierten en sonso. No te quedes mirando el cielo sin tomar decisiones.

Tomen decisiones, es muy importante. Cuando uno tiene el coraje de hacerlo, cambia el rumbo. Si vos sabés que estás caminando hacia el infierno no podés decir: “la vida me obliga, no hay otro camino”.

Vos sabés que hay otros caminos. ¡Cuesta! Porque hay que romper con costumbres o rutinas pero si no lo hacés estás caminando por la vida como esos caballitos que llevan los ojos tapados de manera que no pueden ver los costados sino solo el frente para que siempre sigan el mismo sendero.

Destapen sus ojos, destapen sus oídos, destapen su mentalidad, analicen y distingan cuál es el rumbo a tomar para alcanzar la felicidad.

Hay que parar el motor, observar la realidad y buscar la libertad. Así lográs levantar las barreras, ver el camino en su totalidad y dar un paso nuevo.

Tenemos que aprender a ser responsables de manejar nuestra vida. No podés dejar que otros lo hagan. No tiene sentido.

Serías capaz de decir: “Fulano me puso en el tren a Madrid sin plata, sin saber para qué voy pero como él lo hizo tengo que ir”

Es una increíble estupidez que muchas veces ocurre. “Porque me pusieron acá, tengo que hacerlo” (y no importa si como consecuencia tenés diez años de cárcel)

¡No! ¡Bajate del tren! Cambia el rumbo; o si decidís ir que sea con otra mentalidad para que puedas disfrutar tu destino.

Por eso vuelvo a repetir. Es muy importante tener el coraje de empezar de nuevo. Ser conscientes de que somos los responsables y los gestores de nuestra vida.

No es cuestión de victimizarnos frente a lo que nos está sucediendo. Cuando nos damos cuenta ya no hay más tiempo para disfrutar.

No sé si alguno de ustedes habrá leído esa famosa novela de Aleksandr Pushkin: “El criminal”. El protagonista sobrellevó injustamente toda una vida en la cárcel. Se decía a sí mismo: “No tengo nada para hacer, fui sentenciado y tengo que soportarlo. ¿Para qué hablar? ¿Para qué luchar?”

Un día el verdadero culpable fue encontrado y el prisionero podía, al fin, acceder a su libertad. Pero ¿qué pasó? Se negó a sí mismo esa posibilidad. No quiso cambiar el rumbo de su vida, no sabía cómo hacerlo, no se sentía capaz ni lo consideraba necesario y murió en la cárcel siendo inocente.

Ojalá Dios te ayude, no a soportar la vida, más bien a encontrar el verdadero rumbo para empezar a vivir como realmente lo merecés.

Ojalá que el Espíritu Santo nos ilumine y, más que aguantar, podamos desarrollar, disfrutar y compartir el milagro de vivir en plenitud.

Padre Ignacio Peries
Revista Compartiendo
Imagen de la portada.

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